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lunes, 17 de octubre de 2011

¿Qué clase de padre soy?¿Qué tipo de hijo quiero tener?

“Se dice que los padres tienen los hijos que quieren”.

¿Cuál es el estilo o tipo de autoridad que ejerces sobre tu hijo para educarlo? Pregúntate: ¿Cómo me suelo comportar con mi hijo? ¿Cómo quiero que mi hijo se porte conmigo?

Todo ser humano nace con el equipo necesario para triunfar, pero un trato inadecuado, a veces violento (como uso de palabras soeces o quizá maltrato), o indiferente (de padres que todo lo permiten o que nunca están) ocasiona hijos violentos y resentidos, o inseguros y apocados.

Por eso es importante que identifiques qué tipo de autoridad ejerces sobre tus hijos y en qué tipo de padre te estás convirtiendo, porque de eso dependerá el cómo se desenvuelvan tus hijos.

Tipos de autoridad

· El estilo permisivo: La meta es formar hijos que piensen por ellos mismos, que sean individualistas y creativos y que no tengan complejos, sin embargo se ha encontrado que este estilo de autoridad genera personas con problemas de adaptación a la sociedad adulta.

· El estilo autoritario: Valora la obediencia hacia los adultos sobre todas las cosas. Ordena al hijo y si hay resistencia, le castiga. Se consideran las fuentes de información más confiables de los hijos. Aunque en un inicio los hijos suelen ser obedientes bajo este esquema, existe la tendencia a rebelarse frente a este tipo de autoridad.

· El estilo democrático: Establece principios y valores básicos para sus hijos, no impone su voluntad en todas las situaciones, evalúa y da razones para sus acciones, son firmes pero no otorgan castigos extremos, se caracterizan por valorar las discusiones con sus hijos, genera adultos exitosos y seguros de sí mismos.

TIPOS DE PADRES SEGÚN EL TIPO DE AUTORIDAD QUE UTILIZAN

  1. Padre crítico, se le percibe como enérgico y pretende controlar para imponer su autoridad:

Positivo: firme, justo, serio responsable, protector. Permite el diálogo. Inspira respeto.

Negativo: autoritario, déspota, gritón, enojón. Humilla y puede llegar a golpear, se enoja y exalta con facilidad. Inspira miedo.

  1. Padre nutricio: se le percibe como amable y cariñoso.

Positivo: afectuoso, comprensivo persuasivo, cariñoso, permite fallar. Inspira amor.

Negativo: Solapador, consentidor, indiferente, débil de carácter. Inspira menosprecio.

TIPOS DE HIJOS POR LA FORMA COMO REACCIONAN A ESA AUTORIDAD

  1. Hijo rebelde: suele ser agresivo, competitivo y no se deja de nadie.

Positivo: Responsable, activo, justo, se defiende y protestas ante los abusos.

Negativo: Violento, grosero, peleonero, destructor, se violenta ante la menor provocación.

  1. Hijo sumiso: Suele ser serio y obediente.

Positivo: Bien hecho, muy responsable, serio, controlado cumplido.

Negativo: Tímido, inseguro, apocado, miedoso. Siente que no vale como persona.

Observa si tienes conductas negativas y positivas hacia tu hijo y pregúntate qué puedes hacer para cambiarlas, cómo lo harás y en cuánto tiempo. Empieza por ti y cambia por ejemplo el uso de palabras ofensivas, gritarle, agredirlo con una frase humillante o engancharte con una discusión.

TIPS

  • Ayuda a tu hijo a tomar en cuenta sus necesidades, pero también la de los demás.
  • Guíalo, pero déjalo tomar sus propias decisiones.
  • Observa a tu hijo, reconoce sus motivos para actuar y permite que avance a su propio ritmo.
  • No le exijas un comportamiento modelo ni una actitud totalmente madura. La madurez se va adquiriendo poco a poco.
  • Enséñale a tu hijo a llegar a acuerdos con inteligencia y equidad.
  • No le soluciones lo que él puede resolver. Permítele aprender a través de su propio esfuerzo.
  • En lugar de proteger a tu hijo, facilítale las herramientas que le permitan superar las dificultades y alcanzar sus metas.
  • Sé firme. Enseña a tu hijo que puede decidir y en qué circunstancias.
  • Sé un buen ejemplo para tu hijo.—
  • Busca una escuela que refuerce los valores que tú estás queriendo que aprenda y apóyate en ella y en sus profesores. En la UNITEC podemos ayudarte porque formamos con los valores de responsabilidad, ética laboral y compromiso, que además de prepararlos para su vida personal, los ayudan a enfrentarse a la práctica profesional, ya que los principios se aprenden todos los días, gracias a la enseñanza de sus profesores y a un ambiente universitario que privilegia la formación de esos valores.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Autoexigencia: Cuando ser sobresaliente no basta

Como todas las cosas, ser autoexigente refiere a dos lados opuestos de una moneda, por un lado la autoexigencia trae consigo algo positivo, ya que gracias a ella te pones metas, objetivos y logros que has alcanzado, es como si fuera una pila que te da energía para continuar esmerándote y superándote en tus actividades y relaciones, es un afán de perfección que te ayuda a sobrellevar los errores y conseguir el éxito, pero cuando es exagerada y se trata de tenerlo todo bajo tu control, es peligrosa para ti, así como para los que conviven contigo.

Una exigencia desmedida es más el afán de hallar la perfección en cualquier aspecto de la vida. Entonces una actitud que podría ser sana y hasta virtuosa pasa a constituirse en patológica, conduciendo a la angustia, agotamiento físico y mental, y hasta a un fuerte cuadro de estrés.

En los adolescentes es muy común encontrar chicos con este rasgo, ya que normalmente las figuras de autoridad como los padres, maestros o hasta sus mismos compañeros, que fungen como jueces, son quienes lo orillan a ello, pero es muy importante conocer qué motiva ésta necesidad de perfeccionismo para poder ayudarlos y mitigar las consecuencias que interfieren con su desempeño.

Hay causas muy específicas, que refieren a los mandatos del deber ser y que se constituyen en el debería. El adolescente intenta satisfacer estos mandatos en todo lo que realiza e ignora las señales de cansancio y tampoco reconoce sus propios límites frente a la realidad.

Los factores que influyen se vinculan con el temperamento, la historia personal y el contexto que predispone a ser autoexigentes.

¿Cómo puedes distinguir estos rasgos en tu hijo?

Podrás encontrar algunos indicadores generales de autoexigencia que te ayudarán a detectarlo y en su momento ayudarlo:

* Tienen estándares notoriamente altos

* Desestiman los elogios que reciben

* Se preocupan ante la evaluación ejercida por otro

* Son fatalistas

* Se muestran rígidos e inaccesibles a explicaciones

* Temor a perder el respeto de sus padres o ideales por cometer errores

* Miedo a enfrentarse a las burlas de compañeros si se equivocan

* Ansiedad por el desempeño

* Ansiedad social

* Existe sufrimiento en adolescente.


¿Cúal es el coste verdadero?
Salud física: a un autoexigente le es imposible delegar funciones, se la vive planificando y relegando el descanso, lo cual se ve reflejado en su cuerpo y bienestar, causándole enfermedades de todo tipo.

Relaciones interpersonales: No confía en los demás y en sus habilidades, no ve virtudes en otros que lo pueden apoyar, no deja crecer a los que lo rodean, relaciones rígidas y de rutina, aburrimiento, relaciones de abuso, etc.

Estado emocional: Enojo, frustración, impotencia, soledad, vacío, no vive el momento ni lo goza, ya que siempre hay más cosas que hacer, insatisfacción respecto a su rendimiento, ansiedad, estrés y depresión.

¿Qué hacer?

Debes ayudar a tu hijo a lograr un equilibrio.

Ayúdalo a trabajar todos los días en su crecimiento personal, tratando de encontrar el equilibrio de su exigencia y control, poniendo esta energía en lo que cree que lo necesita, y ser flexible en lo que no se requiere.

No se trata de renunciar a sus responsabilidades, al trabajo o a las aspiraciones. Si no de darse cuenta y responsabilizarse de la persona que es hoy, así como de elegir qué quiere seguir controlando, exigiéndose y hasta dónde, qué necesita hacer, qué necesita delegar y qué le estorba para lograrlo. La conciencia y el darse cuenta es el inicio del camino para encontrar el equilibrio en su vida. Nadie mejor que él sabe qué quiere y qué necesita en su vida.

¡Ayúdalo a canalizar su autoexigencia y a controlarla!